Un equipo internacional de científicas, entre ellas cuatro investigadoras vinculadas a G3ECA, ha publicado en la revista Ecosystems la síntesis más completa del efecto de las hierbas marinas sobre tres servicios ecosistémicos hasta la fecha. Tras analizar cerca de 300 estudios y más de 1.500 comparaciones entre praderas marinas y sedimentos no vegetados de todo el mundo, el trabajo concluye que la capacidad de estos ecosistemas para almacenar carbono, retener contaminantes y sostener biodiversidad varía significativamente según la especie y el contexto ambiental.
Las praderas marinas son conocidas por su papel en el almacenamiento de carbono azul, la mejora de la calidad ambiental y el mantenimiento de la biodiversidad. Sin embargo, un nuevo estudio internacional publicado en Ecosystems demuestra que estos beneficios no se distribuyen de forma uniforme entre todas las especies ni en todos los entornos.
El trabajo, liderado por Nerea Piñeiro-Juncal (Universidad de Vigo), se trató de una colaboración internacional que reunió investigadoras de todos los continentes, incluyendo la participación de otras tres investigadoras vinculadas a G3ECA: Carmen B. de los Santos (ICMAN-CSIC), Candela Marco-Méndez (CEAB-CSIC) e Inés Mazarrasa (IHCantabria). Para ello, el equipo recopiló información de casi tres décadas de investigación y analizó cerca de 1.500 comparaciones entre praderas marinas y sedimentos desnudos adyacentes distribuidas por todo el planeta.
«Las praderas marinas suelen presentarse como ecosistemas con una elevada capacidad para almacenar carbono, retener contaminantes o favorecer la biodiversidad. Lo que muestra este trabajo es que no todas las praderas proveen de todos los servicios ya que son especie y contexto dependientes», explica Nerea Piñeiro-Juncal, quien lideró el estudio.
El carbono azul no es igual en todas las praderas
Los resultados confirman que las praderas marinas suelen almacenar más carbono que los fondos sin vegetación, pero el efecto depende en gran medida de la especie presente.
“Nuestros resultados muestran que, mientras géneros persistentes como Posidonia mostraron algunos de los mayores efectos sobre el almacenamiento de carbono, géneros colonizadores de pequeño tamaño como Halophila, Halodule o Ruppia no mostraron incrementos significativos respecto a las áreas adyacentes no vegetadas. No obstante, estas especies siguen siendo clave para la salud de los ecosistemas costeros y no deben infravalorarse por su menor capacidad de almacenar carbono”, señala Carmen B. de los Santos, coautora del estudio.
El estudio también demuestra que las praderas marinas favorecen la retención de nitrógeno, metales y microplásticos en los sedimentos, aunque los autores advierten que todavía existen importantes lagunas de conocimiento sobre estos procesos y que su función puede variar según las condiciones ambientales.
En cuanto a la biodiversidad, las praderas incrementan significativamente la abundancia y diversidad de muchos organismos bentónicos. Sin embargo, el trabajo también pone de manifiesto que los sedimentos no vegetados albergan comunidades propias y ecológicamente relevantes.
Un mensaje clave para la conservación y restauración
La principal conclusión del trabajo es que no existen soluciones universales cuando se habla de servicios ecosistémicos de las praderas marinas. La especie, la geomorfología, la hidrodinámica y las condiciones ambientales locales pueden modificar sustancialmente los beneficios que proporcionan estos ecosistemas.
Por ello, los autores recomiendan evitar las generalizaciones y avanzar hacia enfoques más específicos para la gestión, restauración y valoración de las praderas marinas. Comprender esta variabilidad será fundamental para maximizar la contribución de estos ecosistemas a la mitigación del cambio climático, la mejora de la calidad ambiental y la conservación de la biodiversidad.
Referencia:
Piñeiro-Juncal, N. et al. (2026). Global Meta-Analysis Reveals Variability in Seagrass Carbon Storage, Pollution Mitigation and Benthic Biodiversity Enhancement Provisioning. Ecosystems, 29:62. DOI: 10.1007/s10021-026-01090-y